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paradójicamente, el chocolate, proveniente del grano de una planta netamente tropical, es un producto indispensable en zonas frías por su alto poder calórico y proteico.
Es así como se convirtió en un complemento dietario para los habitantes de las regiones montañosas de Europa, desde donde convergieron principalmente las corrientes migratorias hacia San Carlos de Bariloche, a fines del siglo XIX y principios del siglo XX
Fueron estos estoicos Pioneros Europeos los que trasladaron entre sus costumbres, la del consumo del chocolate, introduciendo la técnica de su elaboración, que era ajena a las costumbres alimentarias de Mapuches y Criollos.
Así también, las abuelas provenientes de las zonas montañosas de Alemania, de los Cantones Suizos, de los Alpes Italianos o de los Pirineos Franceses y Españoles, hicieron escuela y enseñaron el camino de esta tradición, tan típica de Bariloche.
Antiguas familias fueron llegando e integrándose a la comunidad, conformando una cadena de seis generaciones, donde los chocolateros nos hemos transmitido la técnica de elaboración, y cada eslabón generacional ha ido aportando nuevas ideas, buscando la excelencia en los productos artesanales.
Por nuestra parte, y como dignos descendientes de Italianos, hemos asumido con orgullo esta herencia.
Franco y Tomás aprenden, y se capacitan, ellos nos prometen chocolate Patagónico por muchas décadas.
Porque tengo la certeza de que sus descendientes serán depositarios de ésta Tradición
Don Diego
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